viernes, 22 de junio de 2007

PPV



No sé por qué razón, desde chica mi ser funcionó tras plantearse metas y hacer todo lo posible para alcanzarlas. Creo que esta característica me hizo comprender, en el proceso de búsqueda de cada una de ellas, un surtido de cuestiones que son las que hoy me dan forma tal cual soy. Tenacidad, abnegación, esfuerzo, fracasos, adversidad y, al final de cada propuesta, si todo iba tal cual lo estipulado, la satisfacción por llegar al objetivo.

En el interín, delante de mis propios ojos, se iba esbozando mi propia imagen. Poder verla con totalidad creo que es una empresa que lleva toda la vida, y es ésta una tarea que deseo nunca dejar de perseguir.

Lo que pienso, por supuesto, parte empero de mi manera de ver y de sentir. Probablemente, para varios sea algo sin sentido; capaz, haya quienes lo encuentren y, según mi teoría, habrá muchos otros que ni se lo han puesto a pensar.

Cuán importante es no dejar de correr detrás de uno mismo ¿no? Reflexionar, explorarse, cuestionarse y, no solo eso, escucharse y atender al espíritu como atenderíamos al ser más querido en un momento de total necesidad.
Nadie sabe porqué estamos en este mundo, con total certeza, pero considero importante el hecho de no pasar por alto que la vida no es una casualidad. De repente, resulta más sencillo pensar y convencernos que así estamos dados y que no hay nada que hacer… Un tanto más inquietante es ponernos a buscar cuál es nuestra misión. Bueno, esto tiene que ver con que creo que hay una misión que cada uno viene a cumplir, en este mundo tan arbitrariamente establecido.

¿Por qué soy yo y no soy otra? ¿Por qué soy así y no asá? Podría ir desmenuzando esta cuestión con total meticulosidad y detalle, pero resultaría aburrido y, aún así, no estoy segura de poder convencerme y convencer de que así sea.

Me parece que, en mí, fue fundamental la educación recibida desde chica; el haber concebido ciertos códigos que de una u otra manera me hicieron así.

Una religión puede guiarnos en transitar una particular filosofía de vida, la pertenencia a algún movimiento social, con ideologías particulares y propias también. Y si bien toda mi vida fui a un colegio religioso y me inculcaron determinados valores de esa religión, que no niego, creo que fue en la ley, los principios y las virtudes scouts donde comprendí cual era el camino a seguir. Para muchos podrá parecer un tanto ridículo, para mí, lo es todo. Fundamentalmente, porque nadie me obligó a seguirlo, nadie me lo impuso. Sino que lo conocí y así fue que lo elegí.

Desde ese punto de vista, creo que se fueron formando grandes rasgos de mi personalidad, condimentados por otros que fui descubriendo con el tiempo. Creo también que dentro del movimiento viví gran parte de mis experiencias más intensas. De emoción, de enlaces culturales, de aventura, de conciencia social así como también de desilusiones. De darme cuenta desde dónde hasta dónde el cuento es color de rosas; de qué página a qué página ya es sólo blanco y negro, con espacios para colorear, y a partir de qué punto lamentablemente pareciera ser que no hay nada que hacer… Digo pareciera, porque sería una traición a mi misma afirmarlo categóricamente.

En los últimos años, noté en varias personas una sensación como de falta de búsqueda de sí mismos. Falta de cuestionamiento o existencia, pero sin demasiada oferta en cuanto a propuestas de cambio o mayor satisfacción. Me da la sensación de que el mundo en que vivimos nos ensordece de nosotros mismos. Con tantos mandatos sociales, pareciera que el camino espiritual que venimos a recorrer queda siempre postergado para otro momento. Me indigna resignarme a esta idea; lo considero tan fundamental, tan elemental para nuestras vidas, para nuestra felicidad.

Creo que uno de los problemas de hacer una reflexión continua sobre uno mismo -sin caer en una neurosis- es que de ese modo hallamos las peticiones que nos demanda el alma, y éstas no siempre son fáciles de atender. Entonces pasan dos cosas: o las ignoramos, dejando que el mundo nos vaya empujando desde atrás y llevando hacia donde se le antoje… o las identificamos y nos paramos frente al mundo, decidiendo, en una suerte de diálogo con él, hacia donde es que nosotros queremos ir.

Por supuesto que esto nos cuesta trabajo, energía, angustias, pero también provoca satisfacción, porque todos esos sentimientos, en definitiva, los vamos a vivir en el lugar donde uno ha deseado estar y no en donde hemos sido depositados…

Aquí es donde el camino se bifurca otra vez ¿atiendo a las peticiones del alma corriendo todo riesgo, o busco las más remotas justificaciones para dejarlas en su lugar en estado de pasividad? Y es aún peor, porque el mundo empuja, pero uno sabe que a ese lugar no quiere ir… y mientras más se piensa, más se aleja del objetivo inicial, del propio plan…

“Plan” me recuerda a Plan Personal de vida; mis hermanos del Clan sabrán a qué me refiero, y podrán constatar cómo el marco scout es una herramienta que nos incita a este trayecto de búsqueda de lo propio del que vengo hablando.

¿Y a dónde pretendo llegar con esto?
Bueno, ingenuamente, pretendo decir que, según mi punto de vista y mi corta experiencia, cada uno es propietario de sí mismo y titiritero de su propia vida. Y la felicidad no es un regalo que llega para Navidad o que te regalan en tu cumpleaños, sino que es un viaje que uno mismo tiene que decidir emprender, analizando cuál es el mejor camino, cuáles son los medios que nos llevan hacia ese lugar y cómo llegar hasta ahí. Y, que durante ese viaje, es probable que haya que andar y desandar, pero que no hay que tener miedo a arriesgarse, porque el destino final somos nosotros mismos.